Hace unos días, las técnicas del Colegio, junto con la alumna en prácticas del ciclo formativo de Promoción de Igualdad que está realizando su estancia con nosotras, participamos en una sesión en el centro vidASS, enmarcada en el proyecto NEAR. Durante el encuentro, tuvimos la oportunidad de probar el traje del envejecimiento, una experiencia que nos permitió acercarnos a algunas de las dificultades que pueden surgir cuando la movilidad y determinadas capacidades físicas se ven reducidas.
Acciones tan cotidianas como caminar, levantarse o desplazarse por un espacio pueden convertirse en un desafío cuando existen barreras en el entorno. Esta experiencia nos invitó a mirar nuestra realidad desde otra perspectiva y a reflexionar sobre cómo aquello que parece sencillo para algunas personas puede suponer una dificultad para otras.
Aunque el traje no reproduce por completo las vivencias de las personas mayores ni las de quienes tienen una discapacidad o movilidad reducida, sí constituye una herramienta de sensibilización que nos ayuda a tomar conciencia de la importancia de la accesibilidad y de la diversidad de necesidades presentes en nuestra sociedad.
La accesibilidad como garantía de derechos
La accesibilidad universal va mucho más allá de eliminar barreras físicas. También implica diseñar espacios y servicios que tengan en cuenta la diversidad de las personas, favoreciendo su autonomía, participación e igualdad de oportunidades.
Desde esta perspectiva, las dificultades no dependen únicamente de las circunstancias individuales, sino también de los obstáculos que encontramos en nuestro entorno. Por ello, construir una sociedad inclusiva exige identificar y eliminar barreras, escuchar a las personas y garantizar los apoyos necesarios para que puedan desarrollar sus proyectos de vida con dignidad y autonomía.
Aprender para transformar
Desde el Trabajo Social, la defensa de los derechos humanos, la promoción de la autonomía personal y la participación social constituyen pilares fundamentales de nuestra práctica profesional.
Experiencias como esta refuerzan la importancia de la sensibilización y la formación continua para cuestionar prejuicios, comprender realidades diversas y promover entornos más accesibles e igualitarios. Además, compartir estos espacios de aprendizaje con futuras profesionales contribuye a incorporar la igualdad y la inclusión como principios transversales de nuestra intervención.
La sesión en el centro vidASS nos deja una reflexión: no basta con ponernos en el lugar de la otra persona; también debemos trabajar para transformar los entornos que dificultan su autonomía y participación.
Desde el Colegio, seguimos apostando por una sociedad más justa, accesible e inclusiva, en la que la dignidad y los derechos de todas las personas estén siempre en el centro.